Enseñando la Ley de Atraccion a los niños (parte 1 de 3)

Para quienes creemos en el poder de la Ley de Atracción y tenemos hijos pequeños, la respuesta acerca de cómo enseñarles a ser manifestadores intencionales resulta relevante.

¿Quién no quiere heredarle a sus hijos la posibilidad de ser, hacer o tener lo que ellos quieran?

Pero, ¿cómo debo de enseñarle la Ley de Atracción a mis hijos (sobrinos, nietos, alumnos, y niños en general) de forma que puedan aprovechar el poder infinito del Universo para su beneficio?

Puedes hacer todo lo anterior, pero, desde mi punto de vista ninguno de esos aspectos es tan importante como los siguientes.  Este artículo es la primer parte de tres, con los aspectos más importantes a considerar para ayudarle a nuestros hijos a ser creadores deliberados.

De acuerdo a lo que he ido aprendiendo y entendiendo, los que veremos en este artículo son puntos esenciales para enseñarles a nuestros pequeños y pequeñas a ser creadores deliberados; aprovechando la ley de atracción a su favor a lo largo de su vida.  Pero, si no tienes niños pequeños, no te preocupes, pues te ayudará también a ti a entender mejor la Ley de Atracción, repasando puntos importantes que hemos visto anteriormente.

 

1. No permitas que olviden lo que ya saben

Si tratara de resumir la estrategia más importante para lograr el objetivo de enseñarle la ley de atracción a los niños, lo plantearía de la siguiente forma:

No alteres la capacidad innata que tienen los niños

para escuchar y seguir a su ser interior.”

Para entender esto hay que recordar cuál es el objetivo que buscamos al aprender cómo funciona la Ley de Atracción: ser creadores deliberados.

¿Y qué necesitas para ser un creador deliberado? Escuchar a tu guía interior, quien te dirige al camino en el cual se manifestarán los sueños que ya has depositado en tu vórtex.

Puede sorprenderte, pero tus niños pequeños son mejores creadores deliberados que tú y yo, aún sin que hayan escuchado nada sobre la Ley de Atracción.

No pueden explicarte los conceptos de la ley de atracción, pero instintivamente realizan el paso más importante para manifestar sus deseos: alinearse.  Somos los adultos, comenzando por los mismos padres, que les enseñamos a olvidar su capacidad innata para entrar al modo receptivo.

Es por eso que resulta más importante permitirles mantener su capacidad de alinearse con su guía interior, que enseñarles la teoría de LOA.  Y eso lo podemos conseguir si les reforzamos la idea de que la autoridad y guía más importante en su vida, no son sus padres, abuelos, maestros, amigos, televisión, libros, religión, etc.  sino su guía interior.   Dependiendo de tus creencias o religión, puedes llamarle Dios, el Universo, la fuente, su guía interior, el Espíritu Santo, Subconcsiente o como lo  prefieras.

Nuestro único trabajo para manifestar, como ya lo hemos visto, consiste en buscar nuestra alineación, mantener nuestro estado de receptividad.  Elevar nuestro punto de atracción en la escala emocional.  Escuchar a nuestro ser interior.  Y eso lo hacen muy bien los niños, pero con el tiempo aprenden a olvidarlo.

Lo que más le importa al niño es hacer cosas que le diviertan y le hagan feliz.  Seguir su camino de menor resistencia.  Esa es la alineación o el estado de receptividad; los niños le llaman simplemente divertirse o pasársela bien.  Y los adultos somos expertos en echar a perder esa diversión, pues solemos ponerla en el mismo nivel que la indisciplina.

Por supuesto, nadie quiere tener un niño irrespetuoso, que no coopera o no estudia.  Pero, ahí es donde tenemos que aprender a inspirarlo en lugar de reprimirlo o castigarlo para que siga las reglas.  Evaluando objetivamente cuáles son reglas que valen la pena.

 

2. No reemplaces a su guía interior

Nuestra soberbia y miedo como padres suele ser tan grande, que no logramos entender cómo podría tener éxito en la vida nuestro chiquitín si no lo “guiamos” con nuestra “experiencia”.  Creemos que al hacerlo le ahorraremos muchos tropiezos en la vida.

Nuestro guía interior es ese que algunos llamamos Dios, y a todos sin excepción nos está guiando en cada instante de nuestra vida.   Sólo que la mayoría perdemos la capacidad de escucharlo.  Pero, creer que nosotros, padres o maestros, podemos guiar a los niños mejor de lo que lo hará su guía interior es algo soberbio.   

Sé que es difícil creer que hay una comunicación directa entre Dios y nuestro hijo.  Lo dudamos porque hace tiempo que nosotros mismos olvidamos cómo hacerlo.  Por eso acudimos a los “expertos”, para que nos ayuden a entender cómo vivir nuestra vida.  Y eso mismo le enseñamos a nuestros hijos.

Nos apoyamos en psicólogos, sacerdotes, gurús, profesores, doctores, la autoridad, para aprender a vivir correctamente nuestra vida y a encontrar la felicidad.  Y le enseñamos a nuestros hijos a hacer lo mismo; a confiar en los “que si saben”.   De esa forma les estamos enseñando a reemplazar al máximo experto con el que pueden contar. El único que conoce y tiene la solución a todos sus problemas y que les puede enseñar el camino específico y personalizado que necesitan para encontrar su felicidad.  Les enseñamos a dejar de confiar en su guía interior.

Es normal que pensemos así, porque hemos aprendido que el conocimiento sólo puede venir de otras personas que lo han aprendido, investigado, comprobado, y quizás lo han escrito en un libro.  Para cambiar esa forma de pensar tenemos que aceptar que hay un conocimiento mucho más amplio, que no proviene de otras personas o libros, sino que proviene de la mente suprema de Dios y con la cual compartimos la nuestra.  La compartimos cuando estamos en el modo de receptividad o alineación.

Y cuando queremos que aprendan la Ley de Atracción, queremos que aprendan lo que les enseñamos a olvidar.  ¿No estamos siendo incongruentes?

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3. No les enseñes a buscar la aprobación de los demás

“¡Estudia! ¡Arregla tu cama! lávate los dientes! ¡No grites! ¡Saluda!”

¿Por qué les damos instrucciones constantes?

“Para que sean personas de bien, Para educarlos” -respondemos.

Por supuesto lo hacemos con la mejor intención.  Pero, al obligarlos a obedecer nuestras instrucciones, les transmitimos que lo más importante, y su fuente de felicidad está en obedecer o complacer a los demás.  Así, dejan de escuchar lo que su ser interior les dice que hagan. Dejan de hacer lo que sus emociones les dictan, al esforzarse por cubrir las expectativas de la gente a su alrededor.

Desde chicos aprendemos a satisfacer el deseo de nuestros padres, profesores, amigos, novia, esposa, autoridad, jefe…  y al intentar satisfacer, hacer, decir, pensar como esperan los demás, termina siendo imposible escuchar lo que desea para nosotros nuestro guía interior.  Y nadie deseará para nosotros tanto bien y felicidad como nuestro guía interior.

Al principio aprendemos que cumplir con las expectativas de nuestros padres nos evitará regaños y conseguiremos su aprobación.  Y a partir de ahí reforzamos la idea equivocada de que cumplir con las expectativas de los demás -cumplir con los prototipos establecidos por la sociedad- nos dará el éxito y la felicidad.  O en el peor de los casos nos evitará meternos en problemas.

Estudiar mucho, tener una carrera, trabajar duro, tener un buen carro,  una casa, éxito económico, el último smartphone.  Aprendemos a considerar valioso aquello que los programas, películas, publicidad, los medios en general y nuestra sociedad nos dicen que es valioso.

Hasta que un día nos preguntamos por qué no somos felices, aún y cuando hemos conseguido muchas de esas cosas que nos han enseñado que dan la felicidad.  Solemos pensar que no somos felices porque hay algunas de ellas que aún no las hemos conseguido; suficiente dinero, una casa, la pareja perfecta, un buen trabajo, hijos.

Y ante el vacío y desesperación, un día decidimos buscar  la verdadera felicidad.  La buscamos en la religión, profesión, trabajo, estudios, gurús, consejeros.  Sin darnos cuenta que seguimos haciendo lo mismo que nos alejó de nuestro camino a la felicidad.  Seguimos buscando afuera lo que siempre ha estado dentro de nosotros.

La sociedad nos confunde haciéndonos creer que la felicidad está en tener, ser o hacer cosas, cuando es todo lo contrario.  Tener, ser o hacer las cosas que deseamos se manifiesta cuando somos felices; cuando estamos alineados.

Si queremos encontrar nuestra felicidad, cuando somos adultos, tenemos que desaprender muchas de las cosas que nos enseñaron nuestros padres y el resto de la sociedad con respecto a la felicidad.    Cuando eramos pequeños lo sabíamos, pero nos enseñaron a olvidarlo.  En ese momento tenemos que volver a recordarlo.

¿Para qué dejar que nuestros hijos recorran un camino tan ineficiente a la felicidad? Creemos que les estamos enseñando la felicidad, cuando estamos haciendo todo lo contrario.  La mayoría de las veces inconscientemente y con nuestro ejemplo.  Así que llegó la hora de tomar consciencia, si queremos lo mejor para ellos.

Como padres de niños pequeños, tenemos la gran oportunidad de romper la cadena de dolor que se ha formado a través de las generaciones.  Tan sólo tenemos que evitar enseñarles algo que en realidad no tienen que aprender, porque ya lo saben, y lo saben mejor que nosotros.

Por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo.  Pues, tenemos creencias que hemos reforzado toda nuestra vida, y estamos convencidos que le hacemos un bien a nuestros hijos si se las transmitimos.  O, que les haremos un mal si no lo hacemos.

La pregunta es: ¿somo capaces de sentirnos satisfechos y orgullosos de ellos aunque…

  • …No alcancen calificaciones notables en la escuela?
  • …No le quiten la última arruga a la sábana de su cama al tenderla?
  • …Hacer un dibujo que nos parece feo?
  • …No saluden de beso a nuestra tía favorita?
  • …No comer a la hora que deben y lo que consideramos que deben de comer?
  • …Sean unos niños ruidosos y traviesos?
  • …No hayan aparecido en el cuadro de honor de la escuela?
  • …Sea el introvertido y menos popular de la clase?
  • …Sea malo para los deportes?

 

4. Enséñales a valorar su contraste

Algunos padres se preocupan tanto por sus hijos que hacen hasta lo imposible para evitar que sufran.  Algunos llegan al extremo de hacer lo necesario para  evitarles la fatiga.

Se encargan, desde su propia desalineación, a mantenerlos en una burbuja de cristal.  Pensando que les están haciendo un bien.  Los mantienen lejos del contraste o experiencias desagradables, para que no sufran y -según creen los padres- sean más felices.

También hay quienes quieren enseñarles cómo reaccionar ante el contraste.  Les decimos lo que deben de hacer, cómo actuar, qué decir, a dónde ir, incluso qué emociones deben de sentir ante una experiencia de contraste.   Intentamos muchas veces enfrentar los problemas por ellos, acompañarlos, aconsejarlos, para que sufran lo menos posible.

No nos queda claro que cuando decidimos venir a esta realidad tiempo-espacio, quisimos vivir la experiencia de la variedad y el contraste.  Lo decidimos porque eso es lo que provoca la expansión del Universo; la expansión de Dios.  Al vivir el contraste definimos nuestras preferencias: lo que nos gusta y lo que no nos gusta, y en ese instante nuestro ser vibratorio, Dios, se expande.  Y tenemos la oportunidad de obtener ese nuevo deseo, en el momento en que entremos al estado receptivo o de alineación.

El contraste es el paso 1 de la ley de atracción.  Es el instante en que nuestras peticiones al Universo se disparan como cohetes de deseo.  Esa es la manera en que realmente hacemos nuestras peticiones al Universo.   Y negar o intentar evitar el contraste no nos hará más felices, sino que nos dará menos oportunidades de tener más deseos que manifestar en nuestra vida.

Así que, padres sobreprotectores, si queremos hacerle un favor a nuestros hijos, hagámonos a un lado y dejemos que vivan sus experiencias y su propio contraste.   Porque cada que viven ellos una situación desafortunada, que los hace sentir mal, están incrementando el tamaño de su vórtex.  Ese espacio vibratorio en el que los deseos se encuentran, listos para ser manifestados.   Gracias a ese contraste, las posibilidades de crecimiento y de más y mejores manifestación en su vida se incrementan.

Claro que primero debemos de aprender a valorar nuestro propio contraste, y enseñarles a ellos con el ejemplo a valorar el suyo.   Abraham le ha llamado a eso el Paso 5: esa etapa en la que logramos apreciar regresar al paso 1, porque entendemos el valor que hay en el contraste que vivimos para incrementar nuestros deseos y por lo tanto nuestras manifestaciones.

Sólo que al mismo tiempo que les enseñamos a valorar el contraste, debemos de enseñarles a no enfocarse o mantener su atención en el recuerdo de ese contraste, sino en la expansión que ese contraste puede provocar si dejan de pensar en el pasado.  Este punto es sumamente importante y debemos de tener cuidado con él.  No son las situaciones desagradables las que hacen sentir mal a nuestros hijos, sino el mantener en su cabeza ese recuerdo y revivirlo una y otra vez.

 

5. Enséñales a olvidar el pasado

Enséñales a que el pasado no es importante, especialmente si el pasado los hizo sentir mal.   Aquello que hayan vivido anteriormente tiene una función importante, pues es el origen de su expansión; la forma en que sus peticiones al Universo se han enviado.  ¡Es el contraste! Es la petición al Universo de algo nuevo y mejor en su vida.

Pero, una vez que ocurrió ese contraste, deben de aprender a olvidarlo y a alinearse con los deseos que esa experiencia les generó.  Deben aprender a entrar al estado de receptividad o alineación para recibir la manifestación de eso que pidieron consciente o inconscientemente durante el contraste que vivieron.

Si les enseñamos a quejarse de sus desgracias, o simplemente a mantener la atención en su pasado, se mantendrán en desalineación. Y así no podrán recibir la maravillosa manifestación a la que tienen derecho por haber vivido ese contraste.

Enfocarse en los recuerdos negativos mantiene nuestras vibraciones negativas y nos trae más de lo mismo.   Impidiendo así dar paso a la manifestación de nuestros nuevos y mejores deseos.

El pasado ya pasó, ya no existe, aportó su valor con el contraste vivido, y es momento de esperar, desear, y creer que se cumplirán nuestros deseos, apreciando o manteniéndonos en paz con la situación en la que nos encontremos.  No es el pasado ni el futuro donde está nuestra felicidad, sino en nuestro presente.  Y es donde depositamos nuestras vibraciones para tener un futuro con más y mejores manifestaciones.

Evita platicar de tus recuerdos negativos o de los demás, o de sacar a flote los recuerdos negativos de tus hijos.  Para que ellos no aprendan a hacer lo mismo, y no pongan motores en el sentido contrario de sus deseos.

 

NOTA: Debido al tamaño de este artículo decidí separarlo en varias partes.  Puedes ver la continuación dando click en el siguiente link.   Mientras tanto, no olvides poner tus comentarios o mandarme un saludo aquí abajo.

 

Felices manifestaciones

 

El Aprendiz de LOA

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David Araujo fernandezClara HernandezMariaEnseñando la Ley de Atracción a los niños (2 de 3) - El Aprendiz de LOAmisshell Recent comment authors
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David Araujo fernandez
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David Araujo fernandez

Buenas noches aprendiz me interesa poner en práctica la ley de la atracción con mi hijo Juan David de 6 años últimamente ha tenido problemas de conducta y quiero ayudarlo de una manera sencilla y práctica para que pueda continuar con vida de una manera natural y hermosa de antemano gracias y que dios te bendiga

Clara Hernandez
Invitado
Clara Hernandez

Aprendiz:

Como siempre muy grato leer tus enseñanzas y muy faciles de comprender y ponerlas en practica.

Recibe saludos afectuosos.

Maria
Invitado
Maria

Buena tarde aprendiz.
Más que gustarme (que así es) entendí de lo que hablas.
También tengo una parte escéptica, esta me gusta, porque hace que busque y busque,?hasta quedar satisfecha.
En esta ocasión, así me siento, satisfecha por leer y entender lo que llevo dentro y busco fuera.
Es una maravillosa manifestación.
Gracias

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[…] del artículo “Enseñando la Ley de Atracción a los niños”.  Si no lo has hecho, puedes revisar la parte 1 en este link. El artículo está formado por tres partes, y esta es la parte dos.  Así que continuamos… […]

misshell
Invitado
misshell

muy buen contenido. gracias por compartirlo

Gerardo Castillo
Invitado
Gerardo Castillo

Gracias Aprendiz, como siempre muy interesante tu artículo; no encontré el link de la segunda parte, lo espero con interes; saludos cordiales.

veronica garcia landero
Invitado
veronica garcia landero

Hola aprendiz, me da mucho gusto leer este articulo, pues tengo dos nenas, una de cinco y una de año y medio, y es que no es algo sencillo educar, y menos cortar con tantas cosas que he aprendido, claro estoy feliz de ir desaprendiendo muchas. De mis nenas aprendo mucho cada dia, no niego que aveces no se que hacer ante algunas cosas que vivo con ellas, y me parece tan sano dejarlas a ser libres, se que eso las ayudarà a ser independientes, quiero darles lo mejor de mí, y sé que ser tú mismo y ser libre… Leer más »